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Maíz en México: El Costo de Negociar entre Bloqueos y la Ciencia

 

Por: Guillermo Salas Razo

 

Las imágenes de tractores paralizando las principales carreteras del país y el cierre estratégico de casetas en Sinaloa, Tamaulipas y Chihuahua no son solo una expresión del malestar rural; son el grito de un sector que se siente acorralado por la falta de rentabilidad.

Mientras los agricultores y transportistas se sientan en mesas de negociación con el Gobierno Federal para desactivar bloqueos que amenazan la logística nacional, lo que presenciamos es un escenario de «gestión de incendios» que ignora la causa del fuego.

Estos paros, que exigen precios de garantía justos y el retiro de excedentes de maíz para liberar el mercado, son en realidad el síntoma de una omisión histórica: el abandono de la inversión en investigación y desarrollo agrícola.

Hemos intentado resolver mediante minutas y diplomacia de emergencia lo que debimos haber solucionado hace décadas en los laboratorios y en los surcos, “La Soberanía Alimentaria”, esa de la que se habla en los discursos oficiales y que no puede alcanzarse solo con apoyos directos o asistencialismo.

La Soberanía Alimentaria es una ecuación de productividad que hoy México necesita urgentemente.

El descuido en la investigación aplicada ha condenado al campo mexicano a rendimientos por hectárea que resultan insuficientes frente a la escala industrial de nuestros socios comerciales.

Por eso, el productor mexicano bloquea las carreteras, porque su costo de producción es mayor que el precio de mercado, una trampa de rentabilidad que solo se rompe con tecnología.

Si México hubiera mantenido una inversión robusta en instituciones que nos dedicamos a la investigación agropecuaria, hoy no estaríamos mendigando esos precios de garantía para sobrevivir.

La rentabilidad del campo es el único camino hacia la paz social; un productor que no es rentable es un productor que eventualmente abandonará la tierra o cerrará las carreteras por desesperación.

 Por eso, la investigación no debe verse como una acción académica de nuestras Instituciones de Educación Superior, sino como un activo económico estratégico de nación, que optimiza y garantiza que cada peso invertido en el campo retorne con creces.

Hoy veo cómo las mesas de negociación, desde el gobierno Federal, solo buscan liberar el tránsito en las carreteras y ganar tiempo hasta la próxima crisis de precios.

Por eso, como académico investigador y bajo la mirada crítica de Nicolaíta, pido que el debate se desplace de la ideología a la eficiencia científica.

Si México no invierte hoy en conocimiento y tecnología propia para elevar la productividad, seguiremos condenados a un ciclo infinito de bloqueos y mesas de diálogo, y a un futuro que no supimos sembrar como nación en nuestros centros de investigación, #Palabra_de_Nicolaita.