Por: Guillermo Salas Razo
La crisis multidimensional que fractura el campo mexicano expresada en la degradación del 64% de los suelos agrícolas (FAO, 2024), la pérdida del 40% de agrobiodiversidad en tres décadas (CONABIO), y la migración forzada del 35% de jóvenes rurales michoacanos, exige trascender el paradigma productivista heredado de la Revolución Verde.
Y es aquí donde emerge la Agroecología, y no como un paquete tecnológico alternativo, sino como un proceso de reterritorialización biocultural que restituye la visión del desarrollo en la agricultura.
Su eficacia se verifica en muchas experiencias, donde ya diversos cultivos comienzan a incrementar la captura de carbono, reduciendo el uso hídrico y diversificado ingresos mediante policultivos estratificados.
No obstante, estas innovaciones coexisten con políticas públicas truncadas: como el programa Sembrando Vida que carecen de indicadores de sustentabilidad verificables, y que reproduce esquemas clientelares y omite sinergias con conocimientos endógenos.
Por eso, para propiciar hacia una transición agroecológica, se debería crear un Sistema Nacional de Innovación Agroecológica, coordinado por universidades públicas (incluida nuestra UMSNH), que integre bancos de germoplasma criollo, laboratorios móviles de salud de suelos y escuelas de campo con metodología campesino-a-campesino.
También se debería de crear una Reforma fiscal verde que Incentive la cadena de valor que certifique cero deforestación, restauración de acuíferos y empleo juvenil local.
Y desde luego sumando una Alianza de ciencia con saberes que valide los conocimientos y tecnologías campesinas mediante protocolos de investigación con acción participativa.
La Agroecología no es una Tecnología Social; es un cambio de paradigma del modelo de desarrollo que se mide solo en toneladas, por uno que valora la resiliencia comunitaria y los servicios ecosistémicos.
Por lo tanto, la Agroecología se presenta no solo como una respuesta a la crisis del campo mexicano, sino como una propuesta de reconstrucción integral, donde las políticas públicas y los saberes campesinos deben converger hacia un modelo de desarrollo sostenible que priorice la vida, la biodiversidad y la justicia social, #Palabra_de_Nicolaíta.

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