Tenencias

Morelia

2026: El Año de «Saber Hacer» en México; Más Allá del Título, la Competencia

 

Por: Guillermo Salas Razo

¡Qué año nos espera este 2026! Al arrancar este ciclo, no puedo evitar sentir esa mezcla de entusiasmo y análisis frío que nos caracteriza a quienes vivimos la realidad del campo y la academia.

México está en el aparador del mundo; se habla de cifras récord de inversión y de una economía que aguanta los embates globales. Sin embargo, desde aquí, en el corazón de nuestra Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la pregunta que nos atañe es quién va a operar ese crecimiento.

Observando de frente a nuestra economía, debemos darnos cuenta de que el viejo modelo de «mano de obra barata» ya no solo es injusto, sino que es obsoleto. El México de hoy, y especialmente nuestra agroindustria michoacana, ya no pide solo brazos; pide mentes capaces de programar un sistema de riego automatizado, de gestionar la inocuidad en un laboratorio de liofilizados o de trazar la huella de carbono de un cargamento de exportación.

Aquí es donde entra mi análisis crítico: pues tenemos una brecha enorme. Por un lado, una oferta educativa que a veces corre más lento que el mercado, y por otro, una industria que grita por especialistas que simplemente no encuentra.

Para que el 2026 sea el año del despegue, debemos entender que requerimos de capacitación certificada, que por cierto no es un curso de fin de semana para cumplir con un expediente o un requisito; sino que es la base misma de nuestra soberanía productiva.

La apuesta es por el «Saber Hacer»: Certificaciones que Valen Oro.

 Yo estoy convencido de que el futuro de nuestros jóvenes y de nuestros trabajadores del agro no está solo en un diploma de pared, sino en la Certificación por Competencias.

¿A qué me refiero? A validar formalmente lo que la gente sabe hacer. En la agroindustria moderna, una certificación técnica en estándares internacionales de calidad o en manejo de tecnologías limpias es, muchas veces, la llave que abre puertas que un título generalista no puede.

Necesitamos que nuestra gente esté altamente calificada y certificada. Esto le da dignidad al trabajador y, sobre todo, le da certeza al mercado.

Si México quiere ser el «Huerto del Mundo», tiene que ser también la «escuela de excelencia» del mundo.

 Desde mi visión como académico de la Casa de Hidalgo, mi compromiso es total. El humanismo Nicolaíta no está peleado con la técnica; al contrario, se complementan.

Por eso estoy convencido de liderar esta transición, convirtiéndome en ese ente certificador que asegure que el conocimiento baje del aula al surco, y del laboratorio a la planta de procesamiento.

Veo un 2026 con un gran optimismo, pero un optimismo con los pies en la tierra.

Veo un México donde el hijo de un productor de aguacate en Uruapan o un joven ingeniero en Morelia no solo sueñe con «encontrar trabajo», sino con ser los especialistas certificados que las empresas globales se peleen por contratar.

El reto es pasar de la teoría a la práctica, necesitamos una alianza real entre gobierno, empresas y nuestra UMSNH para masificar estas certificaciones.

Si queremos una agroindustria de primer mundo, necesitamos gente de primer mundo, con papeles en mano que avalen su talento.

El talento lo tenemos, la infraestructura la estamos puliendo y el hambre de éxito es nuestra mejor bandera. Hagamos que este 2026 el «Hecho en México» sea sinónimo de «Bien Hecho por manos calificadas»; porque al final del día, el desarrollo no es un indicador en una pantalla, es ver a nuestra gente prosperar con la frente en alto y el conocimiento en las manos; #Palabra_de_Nicolaíta.