Por: Guillermo Salas Razo

 

La contracción de programas académicos universitarios basados en un criterio de eficiencia es un grave error. Como sociedad, necesitamos el apoyo de la educación universitaria para avanzar, para buscar nuevos conocimientos y para mejorar la calidad de vida. Cuando se trata de la contracción de programas académicos, hay que tener cuidado de no enfocarse solamente en un criterio de eficiencia, sino también en el lado científico, artístico y filosófico.

De hecho, la eliminación de programas académicos puede afectar negativamente la profundidad y la diversidad de la educación universitaria, sobre todo de programas altamente pertinentes que promueven el equilibrio ambiental y social.

Más allá de la implementación de estrategias basadas en la eficiencia que en ocasiones las autoridades universitarias consideran pertinentes, se debe tener en cuenta la importancia de promover una educación robusta y de mantener la flexibilidad de la Universidad para adaptarse a la mejora y la reinvención de los programas, garantizando que se siga avanzando en términos de investigación, excelencia educativa y desempeño académico.

Además, habría que tener en cuenta un factor crucial: los estudiantes.

El núcleo de cualquier Universidad son sus estudiantes.

En los estudiantes se debe buscar la oportunidad de innovar y de contribuir al impulso creativo de una educación mejorada.

 Por lo que es importante que los estudiantes también participen en la mejora de los programas académicos y en las propuestas de nuevas carreras.

Los estudiantes merecen una educación pertinente, robusta, innovadora y vibrante para promover su crecimiento intelectual y una mejora de la calidad de vida para toda la sociedad.

Si bien, la reestructuración de los programas académicos universitarios es una visión de una Universidad moderna ajustada al contexto y política nacional actual; se debe de priorizar como objetivo de la restructuración de los programas “el aumentar el nivel de calidad de la educación”.

Lo cierto es que la situación de presupuestos deficitarios en las Universidades públicas de nuestro país puede aparentar que en restructuración y contracción de sus programas académicos se encuentre a primera vista una estrategia atractiva para sortear esta problemática; pero en realidad lo que provoca son grandes retos significativos.

Entre ellos, la demanda de una gran inversión en infraestructura y tecnología imprescindibles para la reestructuración de programas académicos universitarios. Esto se debe a que dicha inversión permitirá proporcionar a los estudiantes y docentes las herramientas necesarias para la transferencia y utilización de conocimiento, la interconexión entre las diferentes áreas y diciplinas de la ciencia, y el desarrollo de nuevas innovaciones que constituyan una mejora significativa en las capacidades académicas en general.

Además, una mejor infraestructura y tecnología le permitirá a los estudiantes y maestros estar actualizados respecto a los avances tecnológicos del ámbito académico. Esto significaría que los programas universitarios serían más innovadores, más prácticos y proporcionarían un mejor enfoque de aprendizaje a los estudiantes; lo que a su vez conduciría a un aumento significativo en la calidad de la educación universitaria y en la productividad académica.

Por eso las Universidades deben pensar en la inversión y ampliación de la oferta educativa que proyecte una imagen más moderna a los estudiantes, que aumente el prestigio de la Institución atrayendo a más estudiantes. Esto ofrecería una ventaja competitiva a una Universidad como la nuestra para obtener fondos de programas científicos y educativos.

Una reestructuración académica en una Universidad requiere de un pensamiento diagnóstico (concepto que se ha convertido en uno de los fundamentos del trabajo educativo moderno). Cuando el pensamiento diagnóstico se aplica adecuadamente, permite a los educadores tomar decisiones sobre los contenidos, los objetivos, los procesos y las evaluaciones, con el fin de garantizar que sus alumnos alcancen los objetivos de aprendizaje definidos por la institución educativa. En el caso de la reestructuración de programas académicos universitarios, el pensamiento diagnóstico brinda la oportunidad de evaluar los resultados de los estudiantes y abordar los factores que causan un rendimiento académico insuficiente.

Es cierto que las Universidades requieren una actualización continua, pero no una basada en la toma de decisiones con pensamientos deliberativos, por bien intencionados que estos puedan parecer; sino una actualización basada en el pensamiento diagnostico con la participación de toda la comunidad universitaria, #Palabra de Nicolaíta.