Por: Isidro Galicia/ Politics.

A un año y medio de concluir con su mandato como gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles se mantiene con sostenida vigencia política y conduciendo la agenda del estado; propiciado en parte, por la irracional y torpe persecución personal del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.

Un gobernador surgido de la «tómbola» del oportunismo y de la suerte.

No obstante, de emprender acciones legales y políticas en contra de SAC y de su administración, cada una de las medidas promovidas desde la Contraloría del estado, se pulverizan en la incapacidad e impericia para formular observaciones más robustas o de mayor peso.

Silvano solventa cada artificio político que le envía el gobernador; y cada acción fallida empequeñece la figura de mandatario y lo exhibe cómo un personaje desposeído de poder y de autoridad.

Mientras se aproxima la orfandad política para ARB, al acercarse el fin del mandato de AMLO,, el oriundo de Carácuaro se sostiene como un activo político de la oposición y aspirante a la candidatura presidencial. Sin sobresaltos ni preocupaciones.

La némesis de ARB se llama Silvano Aureoles. Hasta el día de hoy, Bedolla fracasó en su pretensión de someter a Silvano a partir de torpes escaramuzas políticas . El tiempo se le agotó al gobernador y a su gobierno; el discurso campañero de acabar con la impunidad, es la hiedra venenosa que consume su legitimidad.