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Isidro Galicia/ Politics
No son ocurrencias o la banalización de la República, aunque en los hechos sea así. El presidente López Obrador construyó lingüísticamente un nivel de discurso, mensaje y fraseo con sus electores. Nadie mejor que él usó la narrativa popular para gobernar.
La palabra y la expresión oral del presidente es un instrumento, que, al paso del sexenio, se tradujo en una herramienta estratégica de poder, casi, una fortaleza política inexpugnable para la oposición.
Al momento, la oralidad presidencial está por encima de la verdad, de los resultados y de los hierros gubernamentales. Nadie como Obrador para yuxtaponer hechos inconexos, que desarticulan toda lógica semántica y que desvanecen las críticas ante lo caótico de la realidad.
Chico che como un estandarte de la comunicación presidencial, simboliza valores identitarios, culturales y el costumbrismo social. ¿Quién no ha escuchado una canción y letra de este cantante tropical?
Al aproximarse el final del sexenio, López Obrador mantendrá su discurso y la palabra como fortines políticos, para mantener desconcertada a la oposición. Y Chico Che como un símbolo de poder político.